Diferencias entre relajación y mindfulness

Normalmente suelen confundirse las técnicas de relajación y el mindfulness. Muchas son las personas que intentan eliminar su ansiedad realizando ejercicios mindfulness sin éxito, o que los realizan simplemente para relajarse. Esto es un error puesto que no se realizan para lo que han sido creadas.

A continuación comento las que, a mi parecer, son las diferencias más significativas entre ambas técnicas, para que así puedan ser aprovechadas al máximo.

En primer lugar, hay que tener en cuenta el objetivo o lo que se pretende conseguir al realizar estas técnicas.

El objetivo de la relajación es disminuir el funcionamiento del Sistema Nervioso Central, con lo que se consigue reducir o eliminar las respuestas de ansiedad/estrés en momentos determinados, o simplemente sirve de preparación para un descanso más placentero. En general, lo que pretende es evitar o eliminar eventos desagradables o un malestar (estrés, ansiedad, pensamientos negativos recurrentes, etc.).

El objetivo del mindfulness, en cambio es un entrenamiento cerebral trabajando con la atención. De esta forma se consigue una mejor respuesta de adaptación del organismo a cualquier circunstancia, se desarrolla la capacidad de observación, de toma de perspectiva y de aceptación. Por lo que su finalidad, aunque a veces se consiga, no es relajar, si no exponerse a dichos eventos que nos desagradan, permitiendo observar el malestar, viendo de qué está hecho, cómo nos afecta o respondemos a él y quizás decidir cambiar nuestro comportamiento.

Otro aspecto importante son las pautas que se siguen al realizarlas.

La relajación es un ejercicio pasivo a nivel mental, no requiere de esfuerzo, busca la comodidad, realizándose en un ambiente tranquilo y adecuado para dicho fin. Consiste en alterar determinadas sensaciones corporales para reducir su tensión o experimentar sensaciones agradables (véase la Relajación Muscular Progresiva de Jacobson). En este caso dormirse no sería un problema, si no una señal de que el cuerpo se ha relajado, de ahí que sean muy útiles a la hora de irse a la cama por la noche.

Pero para realizar técnicas mindfulness, las cuales consisten en un ejercicio activo a nivel mental, no es necesaria la comodidad, tienen el mismo efecto sea cual sea la posición de la persona o las condiciones ambientales. Consisten en permitirse observar cualquier cosa que acontezca en el momento presente, sin emitir juicios o valoraciones, simplemente estando presente con ello sin intención de alterar nada o eliminar un posible malestar (por ejemplo, el escáner corporal o la alimentación consciente).

De ahí que, en este caso, dormirse no permita a la persona realizar dicho entrenamiento, aunque en ocasiones mantenerse despierto sea difícil debido al escaso movimiento de la mayoría de las técnicas o el cansancio que supone a nivel mental.

Por último, algo que las diferencia son los beneficios que se obtienen al practicar cada una de ellas.

Entre los muchos beneficios de la relajación se encuentran:

· Disminución de la presión arterial y del ritmo cardiaco.

· Disminución del ritmo respiratorio – Buena oxigenación del cerebro.

· Disminución de la tensión muscular.

· Reducción de los niveles de secreción de adrenalina y noradrenalina.

· Aumento de la vasodilatación general, lo que conlleva mayor oxigenación periférica.

· Reducción en los niveles de colesterol y grasas en sangre.

· Aumento del nivel de producción de leucocitos, lo que refuerza el sistema inmunológico.

· Disminución en la cantidad de lactato sanguíneo (una causa de la ansiedad).

· Desarrollo de un estado de descanso al nivel más profundo.

· Aumento de las frecuencias cerebrales Alfa (correspondientes a estados relajados).

A diferencia del mindfulness que aporta los siguientes beneficios, entre muchísimos más:

· Estar plenamente en el presente, en el aquí y ahora.

· Observar pensamientos y sensaciones tal cual son.

· Conciencia de aquello que se está evitando.

· Mayor conciencia de los juicios.

· Aumento de la conciencia de sí mismo.

· Menor reacción frente a experiencias desagradables

· Menor identificación con los pensamientos (no soy lo que pienso).

· Reconocimiento del cambio constante (pensamientos, emociones y sensaciones que vienen y van).

· Mayor equilibro y menor reactividad emocional

· Mayor aceptación y compasión de sí mismo y de los demás.

 

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